Mientras YPFB activa planes logísticos para garantizar el abastecimiento, miles de ciudadanos viven una pesadilla diaria en los surtidores.
Las calles de Bolivia han cambiado de paisaje en los últimos días. Allí donde antes circulaban vehículos con fluidez, ahora se extienden interminables filas de automóviles que esperan turno para cargar combustible. La escasez de diésel y gasolina se ha convertido en una situación crítica para miles de ciudadanos, especialmente en las ciudades de La Paz, Cochabamba y otras regiones del interior.
A la par del malestar ciudadano, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) busca soluciones urgentes. La estatal informó que seis buques, que en conjunto contienen 172 millones de litros de carburante, permanecen fondeados en el puerto de Arica a la espera de condiciones climáticas adecuadas para proceder con su descarga.
Joel Callaú, gerente de Logística de YPFB, detalló que el pasado miércoles se presentó una breve oportunidad para iniciar tareas de preparación, pero al día siguiente los permisos fueron suspendidos debido al mal tiempo. “Necesitamos nuevas ventanas climáticas para continuar. Mientras tanto, trabajamos en redirigir rutas y activar otras alternativas”, aseguró.
Entre esas opciones está la importación terrestre desde Paraguay y Argentina. Según datos oficiales, ya se ha gestionado el ingreso de 2.400 camiones cisterna que transportarán hasta 80 millones de litros de combustible para reforzar el mercado interno.
Sin embargo, los esfuerzos logísticos no se traducen aún en alivio para los ciudadanos. La desesperación aumenta con el paso de las horas. En algunas estaciones de servicio en La Paz, conductores han reportado esperas de hasta dos días para poder cargar unos cuantos litros. En el interior del país, la situación no es distinta; hay testimonios de quienes han dormido en sus vehículos durante más de tres noches.
Las autoridades sostienen que el abastecimiento no se ha detenido del todo y que los sectores estratégicos están siendo atendidos prioritariamente. “No se puede frenar la producción agrícola. Por eso, los productores están recibiendo combustible de forma directa”, explicó Callaú.
Como parte de las medidas excepcionales, YPFB también habilitó despachos los días domingo, cuando normalmente las operaciones se paralizan. Durante la última jornada de trabajo extraordinario se distribuyeron más de siete millones de litros de gasolina y diésel.
Además, para evitar mayores atrasos, uno de los barcos estacionados en Arica fue enviado al puerto peruano de Mollendo, donde las condiciones permitieron iniciar la descarga sin mayores complicaciones.
Pese a todos estos esfuerzos, el descontento popular se intensifica. Conductores del transporte público, empresas de logística y familias que dependen de sus vehículos para trabajar o trasladarse están viendo afectada su rutina diaria. En redes sociales, abundan las denuncias, quejas y videos de las largas filas, reflejando una creciente sensación de abandono.
Desde YPFB, la promesa es clara: “Estamos haciendo todo lo posible para garantizar el abastecimiento lo antes posible. Esperamos que las condiciones climáticas mejoren y que la distribución se normalice en los próximos días”, reiteró el gerente.




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