Las denuncias del vicepresidente Edmand Lara contra el entorno inmediato del presidente Rodrigo Paz escalan a un conflicto institucional, marcado por acusaciones cruzadas, procesos judiciales abiertos y un gabinete que profundiza la desconfianza pública.
El retorno del vicepresidente Edmand Lara al país desató una nueva tormenta en el Palacio Quemado. Con declaraciones contundentes y un tono inusualmente severo, Lara denunció que el presidente Rodrigo Paz se está rodeando de individuos con antecedentes judiciales alarmantes y vínculos cuestionables, comprometiendo la credibilidad del Gobierno y agravando la crisis interna que ya se perfilaba desde semanas atrás.
La disputa estalló tras la fallida posesión de Jorge García, quien había sido anunciado como nuevo ministro de Justicia luego de la destitución de Freddy Vidovic. Sin embargo, ante el creciente rechazo y las revelaciones sobre los procesos judiciales que afronta García, el propio presidente Paz decidió anunciar el cierre del Ministerio de Justicia. Pero la explicación no convenció al vicepresidente, que la calificó de maniobra para encubrir decisiones precipitadas y asesoramientos fallidos.
Lara aseguró que García Pinto, lejos de ser un profesional idóneo para encabezar la cartera responsable de la institucionalidad jurídica del Estado, enfrenta una lista extensa de procesos en su contra, entre ellos denuncias por violación, violencia familiar, incumplimiento de deberes, coacción y avasallamiento. Según el vicepresidente, el simple hecho de que un abogado con semejante historial haya sido propuesto para ocupar un ministerio clave “demuestra que el presidente Rodrigo Paz se está dejando rodear por personas que no solo carecen de ética, sino que arrastran antecedentes gravísimos”.
Las declaraciones se volvieron aún más fuertes cuando Lara afirmó que mañana presentará otra denuncia contra un segundo ministro del gabinete, esta vez por casos de violencia familiar. “El presidente se está acercando a gente de la peor calaña”, apuntó, anticipando una escalada mayor en la disputa interna que ya fracturó públicamente la relación entre las dos más altas autoridades del Ejecutivo.
La tensión aumentó después de que García Pinto respondiera a las críticas, asegurando que Lara violó su derecho a la presunción de inocencia y afectó su imagen profesional y familiar. Pero la defensa no hizo más que intensificar el enfrentamiento. El vicepresidente sostuvo que nunca afirmó que García fuera culpable de los delitos imputados, sino que simplemente mencionó la existencia de procesos públicos, accesibles para cualquier ciudadano en el sistema judicial.
“Esa información no es secreta ni reservada”, señaló. “Fuimos al Palacio de Justicia, introdujimos su nombre y saltaron los procesos. No hay difamación cuando uno se limita a mencionar hechos verificables”.
Lara no se detuvo allí. Mostró una acusación formal en contra de García Pinto, un documento que —según explicó— ya se encuentra registrado ante un juzgado de Coroico desde abril de 2025. El caso, de acuerdo con el vicepresidente, se refiere a estafas cometidas por García contra varios de sus clientes, a quienes habría cobrado sumas importantes con la promesa de influir en fiscales y jueces para cerrar procesos judiciales.
El denunciante principal sería Santos Daniel Calizaya, quien habría aportado pruebas contundentes, incluyendo documentos, comprobantes de pago y declaraciones, que ya constan en la acusación fiscal. Lara añadió que ha tenido contacto directo con funcionarios judiciales involucrados en el caso, quienes le confirmaron que las investigaciones avanzaron hasta la etapa de acusación formal. Para el vicepresidente, este punto no deja lugar a dudas: García Pinto no podía ni debía estar cerca del Ministerio de Justicia.
La confrontación tomó un cariz todavía más complejo cuando Lara reveló que el presidente Paz no ha cerrado oficialmente el Ministerio de Justicia, pese a anunciarlo públicamente. “El ministerio sigue vigente”, afirmó. “Y el señor García sigue siendo, por designación presidencial, el ministro de Justicia. El país merece que se hable con la verdad”.
La insistencia de Lara en que Paz ha mentido al país marca uno de los momentos más críticos de la relación entre presidente y vicepresidente desde que asumieron sus cargos. Las diferencias, que antes se manejaban puertas adentro, ahora son abiertamente ventiladas, con acusaciones de engaño, encubrimiento y mal asesoramiento que hunden más la ya golpeada imagen del Gobierno.
El vicepresidente también expresó una queja personal, al señalar que el presidente lo ha tomado como enemigo por insistir en alertarlo sobre los riesgos de rodearse de personas con antecedentes cuestionables. “Yo no soy enemigo de Rodrigo Paz”, dijo. “Siempre quise lo mejor para él y para el país, pero mientras continúe confiando en individuos como García Pinto, la decepción hacia su liderazgo solo aumentará”.
Según Lara, la postura desafiante de García y su amenaza de iniciar un proceso en su contra confirma el deterioro de las relaciones internas. “En lugar de explicar al país la situación real de sus procesos, se dedica a atacarme. Y lo más preocupante es que lo hace al lado del presidente”.
El conflicto, lejos de apaciguarse, parece encaminado a una escalada mayor. Lara anunció que presentará nueva información sobre otro ministro cuestionado, advirtiendo que la ciudadanía tiene derecho a conocer quiénes integran el gabinete y qué antecedentes arrastran. Mientras tanto, el presidente Paz permanece en silencio público, una postura que para algunos analistas evidencia desconcierto y para otros revela una estrategia de contención ante la crisis.




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