En el idílico valle de Tarija, se teje una historia que atraviesa el tiempo, una leyenda que fusiona el romance, la tragedia y la superstición en un relato que perdura en la memoria de sus habitantes. Se trata de la historia de Teneke, un indígena cuya vida se entrelaza con la de Marisol, una joven de origen español, en un amor prohibido y marcado por la separación.
Teneke, criado en la escuela de la naturaleza, era un joven noble y respetuoso, cuyo corazón se veía colmado de amor por todo lo que lo rodeaba. Un día, en las riberas del río Guadalquivir, se encontró con Marisol, una hermosa y enigmática joven con quien entabló una amistad que pronto se convirtió en un profundo amor. Sin embargo, su felicidad se vio truncada por la intervención del padre de Marisol, quien la envió a España en un intento por separarlos.
Desesperado por la ausencia de su amada, Teneke pasaba sus días junto al río, esperando en vano su regreso. Su amor y su tristeza lo consumieron hasta enfermar, y fue así como encontró su último refugio en las orillas del Guadalquivir, donde finalmente descansó en paz.
Por otro lado, Marisol, al regresar de España, se encontró con la noticia de la muerte de Teneke y se vio abrumada por la tristeza. Decidió visitar su tumba, donde descubrió con asombro un árbol de molle que crecía vigorosamente en su memoria. Este árbol, conocido como «Molle», se convirtió en un símbolo de su amor eterno, y Marisol se dedicó a cuidarlo y propagar sus semillas por todo el valle.
Sin embargo, la aparición del molle despertó el temor y la superstición entre los habitantes del valle. El padre de Marisol, temeroso de la influencia del árbol, ordenó cortar todas las plantas de molle en su hacienda y propagó una leyenda que aseguraba la muerte de aquellos que plantaran molle. A pesar de ello, la semilla del molle se extendió por el valle, desafiando la superstición y recordando el amor perdido de Teneke y Marisol.
Hasta el día de hoy, la leyenda del molle perdura en Tarija, recordando a sus habitantes la fuerza del amor y la resistencia contra la adversidad. Aunque el temor a la superstición persiste, el molle sigue siendo un símbolo de esperanza y renacimiento en el bello valle de Tarija.
Vía La Voz de Tarija




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