El arribo de fusiles militares de grueso calibre mediante maletas particulares reactivó las alarmas sobre la seguridad en las terminales aéreas de Bolivia. La Aduana omitió reportar el cargamento a la Policía al momento del desembarque, permitiendo que el portador abandonara el aeropuerto.
Las investigaciones señalan al ciudadano Adrián Hurtado Zeliakousky como el responsable de internar el equipaje simulando la importación de autopartes. Las armas AK-47 se descubrieron dos días después de su llegada, al momento de revisar la mercadería para el cobro de impuestos. Dos mujeres resultaron detenidas por nexos directos con este operativo de contrabando.
El criminólogo Christian Sánchez afirmó que este suceso confirma la existencia de un «tráfico de armas que violó control en EE. UU. y Bolivia». Según el análisis técnico del especialista, la facilidad para introducir armamento militar demuestra que el territorio nacional carece de protección frente a estructuras delictivas de alto alcance que consiguen penetrar los controles estatales.




0 comentarios