CIELOS ABIERTOS TRANSFIEREN PASAJEROS Y GOLPEAN A BOA

abril 6, 2026

La habilitación de la quinta libertad aérea permite a compañías internacionales operar en Bolivia y captar pasajeros en rutas clave, generando una presión directa sobre los ingresos de la aerolínea estatal.


La decisión del Gobierno de aplicar la quinta libertad del aire en Bolivia ya modifica la dinámica del transporte internacional y expone a Boliviana de Aviación (BoA) a una competencia directa en las rutas donde concentra su mayor volumen de pasajeros. La medida autoriza a aerolíneas extranjeras a aterrizar en el país, embarcar usuarios y continuar hacia un tercer destino, lo que amplía su capacidad comercial dentro del mercado boliviano.
El cambio introduce una diferencia operativa determinante. Mientras BoA mantiene vuelos directos sin escalas intermedias, las compañías internacionales podrán estructurar itinerarios con múltiples tramos, vendiendo pasajes en cada uno de ellos. Esa modalidad les permite optimizar la ocupación de sus aeronaves y competir por pasajeros que hasta ahora viajaban exclusivamente con la empresa estatal.
Desde áreas técnicas de BoA, la preocupación se centra en la pérdida de participación en rutas internacionales. “El pasajero que va a Miami, Madrid o São Paulo es el que sostiene la operación. Si ese pasajero tiene más opciones y migra, el impacto es inmediato”, explicó un trabajador vinculado a la planificación de vuelos.
El Ministerio de Obras Públicas confirmó acuerdos con Brasil y Chile, y anunció la incorporación progresiva de Paraguay y Panamá. Estos convenios habilitan a las aerolíneas a operar bajo la quinta libertad, lo que en términos prácticos significa que pueden recoger pasajeros en Bolivia sin ser su país de origen y trasladarlos a otro destino internacional.
El ministro Mauricio Zamora defendió la implementación señalando que “se busca ampliar la oferta de vuelos y mejorar la conectividad del país”. También afirmó que BoA está en proceso de fortalecimiento para enfrentar este nuevo escenario. “Estamos incrementando la flota y optimizando los servicios para competir en mejores condiciones”, declaró.
Según información oficial, la estatal prevé alcanzar 18 aeronaves en operación en los próximos meses, además de reducir costos mediante la consolidación de servicios de mantenimiento con personal nacional. Estas medidas apuntan a mejorar la eficiencia operativa, aunque dentro de la empresa se advierte que el desafío principal no es únicamente técnico.
“Las aerolíneas extranjeras trabajan con otra lógica comercial. Pueden llenar un avión en distintos tramos, no dependen de un solo mercado”, señaló un funcionario del área operativa. Añadió que “nosotros seguimos con vuelos directos, y eso limita la capacidad de competir bajo este esquema”.
El impacto también se relaciona con la concentración del tráfico aéreo en el eje troncal del país, donde se ubican los aeropuertos con mayor flujo de pasajeros. Esa misma concentración es la que atrae a las aerolíneas internacionales, que priorizan rutas con alta demanda y rentabilidad asegurada.
En contraste, las rutas hacia regiones alejadas continúan enfrentando dificultades. La baja ocupación y los costos elevados han derivado en la suspensión de destinos como Riberalta o Guayaramerín en determinados periodos. “Son rutas que requieren otro tipo de apoyo. No generan el mismo ingreso que una internacional”, indicó un trabajador aeroportuario.
Desde cabina, la percepción es clara. “Las empresas que ingresen no van a cubrir esas rutas. Van a venir a los destinos donde hay pasajeros constantes, que son los mismos que hoy utiliza BoA”, sostuvo un tripulante.
La política de cielos abiertos, en su aplicación actual, prioriza la apertura del mercado internacional sin modificar las condiciones estructurales del mercado doméstico. Esto genera un escenario donde la competencia se concentra en los segmentos más rentables, mientras las rutas de menor demanda quedan sin cambios.
El Gobierno sostiene que la apertura generará beneficios para los usuarios al incrementar las opciones de viaje. “El objetivo es que haya más alternativas y mejores precios”, afirmó Zamora en declaraciones públicas.
Dentro de la estatal, la evaluación es más cauta. “Si baja la cantidad de pasajeros en rutas internacionales, se reduce el ingreso principal. Eso afecta toda la cadena, desde operaciones hasta mantenimiento”, explicó un funcionario administrativo.
El efecto inmediato de la quinta libertad es la redistribución de pasajeros en el mercado internacional. Aerolíneas con mayor flexibilidad operativa ingresan a competir en rutas donde BoA concentraba su demanda. Esa nueva configuración redefine la estructura del transporte aéreo en Bolivia y coloca a la empresa estatal en una posición de presión constante frente a operadores con modelos comerciales distintos.

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