El primer encuentro presidencial derivó en reproches cruzados, escasa propuesta institucional y disputas personales que marcaron el tono de la jornada.
Lo que debía ser un espacio para contrastar ideas y visiones de país, terminó convertido en una jornada de confrontación directa, alusiones personales y poco contenido estructural. El primer debate presidencial 2025, organizado por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), reunió en el escenario a ocho candidatos a la Presidencia, pero dejó al descubierto no solo las fracturas del espectro político boliviano, sino también la falta de profundidad programática en temas cruciales para el país.
La transmisión fue seguida por miles de ciudadanos a través de medios tradicionales y plataformas digitales. A diferencia de procesos anteriores, el evento fue producto de un acuerdo entre partidos y el TSE, que se comprometió a garantizar imparcialidad en el formato y la moderación. La expectativa era alta, pero el resultado desató una ola de críticas tanto en círculos académicos como en redes sociales.
Óscar Hassenteufel, vocal del TSE y cabeza visible del proceso, inauguró el evento con un mensaje centrado en la importancia del voto consciente y la necesidad de que los bolivianos elijan con conocimiento. El anuncio de un proyecto de ley que haría obligatorio este tipo de debates fue uno de los pocos gestos institucionales aplaudidos por los analistas.
LAS PRIMERAS TENSIONES
Desde los primeros minutos, las intervenciones se cargaron de referencias al pasado reciente. Andrónico Rodríguez, aspirante por Alianza Popular (AP), no esperó para disparar contra Jorge “Tuto” Quiroga, recordándole la represión de cocaleros y acusándolo de ser parte de “un pasado autoritario que no tiene cabida en el nuevo tiempo político”.
Samuel Doria Medina, postulante de Unidad Nacional, respondió no solo a Rodríguez, sino también a Eduardo Del Castillo, exministro de Gobierno y representante del Movimiento al Socialismo (MAS). “Los que estuvieron en el poder por más de una década no pueden hablar de institucionalidad. Son responsables del deterioro de la democracia”, lanzó Doria Medina.
Del Castillo, por su parte, aprovechó cada intervención para deslegitimar a sus contrincantes, a quienes llamó “hipócritas de la transición”. Su tono confrontacional fue uno de los más comentados de la noche. En varias ocasiones se refirió a Doria Medina como “Samuelitio”, intentando disminuirlo discursivamente. También mencionó a Marcelo Claure, insinuando que había intereses ocultos en torno al litio.
FRASES PUNZANTES, AUSENCIAS TEMÁTICAS
Uno de los momentos más tensos ocurrió cuando Doria Medina encaró directamente a Del Castillo por la detención del gobernador cruceño Luis Fernando Camacho. “Ustedes persiguen a quien les estorba. Si yo hubiese estado en el gobierno de Áñez, tú ya me habrías metido preso”, dijo. La acusación fue respondida con la frase: “Solo cumplimos con la ley”.
El escenario también fue aprovechado para lanzar propuestas con fuerte carga simbólica. Manfred Reyes Villa propuso aplicar la castración química a los condenados por estupro, una medida polémica que dirigió contra Evo Morales sin mencionarlo directamente. “No podemos seguir permitiendo que se juegue con la dignidad de las niñas”, declaró.
El debate también tuvo momentos de improvisación y confusión. Pavel Aracena, el más joven de los postulantes, sorprendió al preguntarle a Reyes Villa cómo haría para detener a Morales si volviera al poder. “No sé cómo te llamás, pero sé cómo hacerlo. Ese señor tiene que estar preso”, respondió el exalcalde cochabambino.
EL GRAN AUSENTE: EL CIUDADANO
El diseño del debate no permitió una interacción directa con el electorado. Los moderadores lanzaron tres preguntas a cada candidato, pero el tiempo de respuesta y la rigidez del formato impidieron que se profundicen las ideas. Esto afectó especialmente a postulantes como Jhonny Fernández, quien casi no fue interpelado por sus adversarios y pasó desapercibido.
Gonzalo Chávez, economista y comentarista, ironizó sobre la situación: “Técnicamente, eso se llama ninguneo; políticamente, que ya no estás en el mapa. Simbólicamente, gracias por participar”.
La ausencia de propuestas dirigidas a los jóvenes, a las mujeres, a los pueblos indígenas o al sector productivo también fue notoria. Mientras los candidatos se enfrascaban en reproches, los temas del día a día –como el empleo, la inflación o el acceso a salud– quedaron relegados.
CAMBIAR LA CONSTITUCIÓN: EL PUNTO EN COMÚN
Una coincidencia generalizada entre los candidatos fue la necesidad de modificar la Constitución Política del Estado (CPE). Al menos cinco de los ocho participantes plantearon una reforma integral, aunque con distintos enfoques. Del Castillo y Andrónico insistieron en una nueva redacción para fortalecer el control social y la justicia comunitaria, mientras Paz y Reyes Villa hablaron de limitar el poder presidencial y garantizar la alternancia.
También hubo acuerdo en torno a la necesidad de alianzas parlamentarias. Todos los postulantes admitieron que gobernar con mayoría absoluta será inviable. Esto sugiere que el próximo gobierno, cualquiera sea su signo, deberá buscar pactos para impulsar reformas legales.
LA EXPECTATIVA DEL SEGUNDO DEBATE
El próximo encuentro será el 12 de agosto en la ciudad de La Paz. Si bien los organizadores del TSE señalaron que el formato se mantendrá, algunas agrupaciones políticas ya pidieron ajustes, especialmente en el número de intervenciones y en la calidad del control del tiempo.
Lo que se espera para entonces es que los candidatos logren elevar el nivel de la discusión. La ciudadanía no solo demanda que se critique al pasado, sino que se ofrezcan rutas claras hacia el futuro.




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