FRONTERA SEGURA FUE UN CHISTE Y AHORA ANUNCIAN LA SECUELA

octubre 23, 2026

Por Marco Antonio Santivañez Soria
Periodista internacionalista

A este paso, el Gobierno de Rodrigo Paz va a terminar acumulando más nombres de operativos que resultados. Frontera Segura fue presentada como la respuesta frente al avance del crimen organizado, pero los asesinatos siguieron ocurriendo.

Ahora aparece Frontera Segura 2.0, como si bastara cambiar la etiqueta para convencer a la población de que esta vez sí habrá resultados.

El problema es que aquí no se está hablando de un producto que vuelve al mercado con una nueva versión. Se está hablando de personas asesinadas, de sicarios que siguen actuando y de ciudadanos que observan cómo la violencia aparece una y otra vez mientras las autoridades anuncian nuevas estrategias.
En Bolivia parece haberse instalado una costumbre. Cada vez que un hecho de sangre sacude al país, aparece una conferencia de prensa, una explicación y una nueva promesa. Lo que casi nunca aparece es una evaluación sincera sobre lo que ocurrió con el plan anterior. En lugar de explicar qué falló, simplemente se presenta otro.
Y el sicariato no desaparece porque un operativo tenga un nombre distinto.
A quienes ordenan matar, a quienes financian esos crímenes y a quienes los ejecutan les importa muy poco cómo se llama la estrategia gubernamental. Lo que realmente podría preocuparles es una investigación capaz de llegar hasta ellos, una Policía que logre romper las redes criminales y una justicia que no permita que los responsables vuelvan a la calle poco tiempo después de ser capturados, pero eso en Bolivia es una fantasía.
La realidad volvió a golpear con fuerza en Santa Cruz. El 20 de octubre fueron asesinados a tiros dos ciudadanos brasileños en una vivienda de Valle Sánchez, en Warnes. Ese mismo día apareció el cuerpo de un joven de 22 años dentro del maletero de un vehículo cerca del río Piraí, en La Guardia.
Al día siguiente llegó la respuesta oficial: Frontera Segura 2.0.
Junto al anuncio también se informó del despliegue de más policías para el departamento. Nadie puede negar que más efectivos son necesarios. Pero eso no impide hacer una pregunta elemental: ¿alcanzará?
El Gobierno considera que sí serán suficientes, entonces debería explicar por qué, qué objetivos concretos espera cumplir y en cuánto tiempo piensa mostrar resultados.
Porque ahí aparece una contradicción difícil de ignorar.
Si Frontera Segura estaba funcionando, no debería ser necesario relanzarla bajo otra versión. Y si no estaba funcionando, entonces alguien debería explicar las razones de ese fracaso, si señores, FRACASO y con letras mayúsculas. Lo que no resulta serio es actuar como si nada hubiera pasado y presentar una nueva etapa sin rendir cuentas sobre la anterior, que de hecho ya está bajo la alfombra y sin que nadie diga nada.
Eso es precisamente lo que alimenta la desconfianza.
El sicariato tampoco se reduce al individuo que dispara. Detrás suelen existir personas que planifican, financian, coordinan y facilitan cada crimen. Cuando las investigaciones solo alcanzan al ejecutor, el problema de fondo permanece intacto. Puede caer un sicario, pero la estructura sigue funcionando.
Por eso resulta llamativo que gran parte del discurso oficial se concentre en los anuncios. Se habla de tecnología, de cooperación internacional, de drones y de unidades especializadas. Todo eso puede ser útil. Nadie discute la necesidad de utilizar mejores herramientas para enfrentar al crimen organizado, pero cuando no funciona, eso significa ineficiencia y fracaso.
Lo que la población espera es otra cosa. Porque mostrar equipamiento no significa recuperar el control. Hablar de inteligencia no significa producir inteligencia efectiva. Mencionar a las organizaciones criminales no equivale a desarticularlas.
La ciudadanía ya aprendió a distinguir entre un anuncio y un resultado. Escucha las promesas, observa lo que ocurre en las calles y saca sus propias conclusiones. No necesita que le expliquen que el crimen organizado es un fenómeno complejo. Lo entiende cada vez que aparece una nueva ejecución, cada vez que otra familia debe enterrar a una víctima y cada vez que surge la sensación de que la violencia avanza más rápido que las respuestas del Estado.
Rodrigo Paz y su Ministro de Gobierno puede seguir enumerando operativos si lo considera necesario. Lo que no quiere hacer es numerar los fracasos y hacer que desaparezcan detrás de una nueva presentación oficial o un show mediático.
Si Frontera Segura fracasó, corresponde reconocerlo y explicar por qué.
Si esta nueva versión tiene cambios verdaderamente importantes, corresponde demostrarlo y no poner policías y militares caminando por las calles abrazados y como amigos que salen de paseo.
Si después de Frontera Segura 2.0 ¿vuelve a producirse otro asesinato de alto impacto?, cuál será la respuesta, ¿Frontera Segura 3.0?.
Entonces ya no estaremos frente a una política de seguridad. Estaremos frente a una serie, estilo Netflix, interminable que cambia de nombre en cada temporada mientras el problema sigue exactamente dónde estaba al comienzo.
Lo que el país necesita hoy no son nuevas temporadas, no son nuevos estrenos que los lleven a FRONTERA SEGURO 100.0. Lo que el país necesita es resultados, no FRACASOS tapados por el show.

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