La Sub-17 resistió, respondió y empató ante Argentina en un campo anegado, asegurando el tercer lugar y el acceso a playoffs rumbo al Mundial, con una actuación de carácter y precisión.
La cancha no ofrecía garantías. Era un terreno quebrado por la lluvia, pesado, impredecible. Cada pase exigía cálculo, cada control era una apuesta. En ese escenario, Bolivia no eligió replegarse: eligió sostenerse. El 1-1 frente a Argentina Sub-17 no fue un accidente ni un consuelo. Fue un resultado trabajado, medido, que le abre la puerta de los playoffs y la mantiene a dos partidos de volver a un Mundial Sub-17.
El arranque dejó una imagen que condicionó todo. Carlos Borda chocó con Benjamín Tapia en una acción que obligó a detener el juego cuando recién comenzaba. El impacto fue seco, inquietante. Hubo atención médica y un regreso que no pasó desapercibido. Borda siguió. Y con él, el equipo entero.
El campo, castigado por una lluvia persistente, obligó a simplificar. La pelota viajaba más por aire que por césped. Las asociaciones largas quedaron archivadas y el duelo se trasladó a la disputa directa. En ese registro, Bolivia Sub-17 encontró equilibrio: líneas cortas, coberturas firmes y una lectura clara de cada segundo.
Argentina intentó imponer jerarquía. Tuvo mayor volumen de juego y buscó romper por los costados. A los 25 minutos generó su opción más clara, resuelta por Borda con reflejos intactos. Bolivia absorbió presión sin perder forma. No hubo desorden ni fisuras amplias.
El descanso llegó sin goles, pero con desgaste acumulado. El complemento, en cambio, se abrió rápido. Un remate lejano provocó una respuesta imprecisa y el rebote quedó servido para Facundo Salinas, que definió a los 48 minutos. La ventaja argentina no modificó la esencia del partido, pero sí el margen de error.
Bolivia no se partió. Reacomodó piezas, adelantó metros y sostuvo la calma. La respuesta no fue inmediata, pero fue creciendo con el correr de los minutos. Hubo intención, circulación más limpia dentro de lo posible y una búsqueda constante por el empate.
El quiebre llegó en el tramo final. Minuto 86. Alejandro Ortíz tomó la pelota y decidió. Avanzó entre marcas, esquivó la presión y filtró un pase que encontró la grieta exacta. Nabil Nacif apareció con lectura y determinación. Control y remate firme. Gol. El empate no nació de un impulso aislado: fue la consecuencia de insistir sin perder el orden.
Los minutos finales mostraron a Bolivia en campo rival, empujando, obligando a Argentina a retroceder. El desgaste físico y el estado del terreno no frenaron la intención. El resultado se sostuvo hasta el cierre y dejó un efecto inmediato en la clasificación.
El punto aseguró el tercer puesto del grupo y el acceso directo a los playoffs del Sudamericano Sub-17. Argentina selló su clasificación anticipada, mientras Bolivia mantiene abierta su ruta hacia el Mundial de Qatar, en una edición que ampliará el número de participantes a 48 selecciones.
El rendimiento expuso datos firmes. Capacidad de adaptación ante condiciones adversas, solidez en momentos prolongados y eficacia en la jugada decisiva. Bolivia no fue superada de forma continua; por tramos logró equilibrar y disputar el control del juego.
El equipo mostró carácter competitivo frente a una selección con tradición en la categoría. No cedió terreno emocional, no se desordenó tras el gol en contra y encontró respuestas en su propio funcionamiento. La igualdad no alteró ese recorrido: lo confirmó.
Quedan dos partidos. Dos instancias cerradas, exigentes, donde cada detalle pesa. Bolivia llega con argumentos, con una estructura reconocible y con la convicción de que el objetivo sigue vigente.
El barro no apagó la idea. La lluvia no diluyó el impulso. Bolivia avanzó un paso más y dejó claro que el camino hacia Qatar sigue abierto, con la ilusión intacta de volver a estar entre los mejores del mundo en la categoría.
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