El exministro del gobierno transitorio arribó en Viru Viru desde Estados Unidos. Fue detenido de inmediato y será trasladado a La Paz para cumplir sus condenas por corrupción y armamento irregular.
La madrugada de este jueves, Arturo Murillo, exministro de Gobierno durante la gestión transitoria de Jeanine Áñez, volvió a Bolivia en calidad de deportado desde Estados Unidos. Su arribo al aeropuerto internacional de Viru Viru, en Santa Cruz, ocurrió cerca de las 04.30 de la mañana y estuvo marcado por un fuerte despliegue de seguridad y la presencia de medios de comunicación que aguardaban su llegada.
Apenas se abrieron las puertas del avión proveniente de Miami, efectivos policiales subieron a la nave y lo escoltaron hasta la terminal. Murillo vestía un chaleco antibalas con la inscripción “aprehendido”, tenía las manos esposadas detrás de la espalda y lucía una barba blanca, signo de los años transcurridos desde que dejó el país en 2019. Pese a su situación, esbozó una sonrisa al cruzar por la zona donde se encontraban las cámaras.
El exministro llega a Bolivia con un historial judicial cargado. Actualmente enfrenta ocho procesos penales, de los cuales dos ya concluyeron en sentencias condenatorias. La primera, dictada en octubre de 2024, lo condenó a ocho años de prisión por el sobreprecio en la compra de gases lacrimógenos, que ocasionó un daño económico millonario al Estado. La segunda, en enero de 2025, le impuso cinco años y cuatro meses de cárcel por la adquisición irregular de material antidisturbios desde Ecuador.
El ministro de Gobierno, Roberto Ríos, confirmó que Murillo fue trasladado inicialmente a celdas dentro del aeropuerto de Viru Viru, donde cumplió los protocolos de registro migratorio y revisión médica. “En horas del mediodía será llevado a la ciudad de La Paz. Una vez llegue al aeropuerto de El Alto, será puesto a disposición de un juez que definirá su situación inmediata”, informó.
Su paso por Estados Unidos también dejó antecedentes relevantes. En mayo de 2021 fue detenido en ese país acusado de conspiración para lavado de dinero y sobornos vinculados a la compra irregular de agentes químicos. Posteriormente, en enero de 2023, tras declararse culpable, recibió una condena de 70 meses de prisión. Aunque debía cumplir la totalidad de la pena, fue liberado de manera anticipada en junio de este año por buena conducta y enviado a un centro de detención migratoria. Allí se resolvió su deportación definitiva a Bolivia.
Según reveló el viceministro de Gobierno, Jhonny Aguilera, Murillo intentó evitar su regreso al país solicitando ser deportado a un tercer Estado, pero su pedido fue rechazado. Finalmente, fue entregado a las autoridades bolivianas y trasladado en un vuelo de la estatal BoA hasta Santa Cruz.
La llegada de Murillo movilizó a altos funcionarios del Ejecutivo. El ministro Ríos y la viceministra de Seguridad Ciudadana, Carola Arraya, se presentaron en Viru Viru para coordinar el operativo. Por su parte, el procurador general del Estado, Ricardo Condori, anunció que se solicitará su reclusión en el penal de máxima seguridad de Chonchocoro. “Se trata de delitos graves que han dañado la economía nacional. El Estado tiene la obligación de garantizar que cumpla sus condenas en un recinto adecuado”, manifestó.
Decenas de periodistas aguardaron desde la medianoche para registrar el momento. Las imágenes de Murillo bajando del avión, esposado y rodeado de policías, rápidamente se difundieron en redes sociales y canales de televisión, convirtiéndose en uno de los hechos más comentados de la jornada.
El retorno del exministro reabre heridas de la crisis política de 2019, periodo en el que ejerció como uno de los hombres más influyentes del gabinete de Áñez. Para amplios sectores sociales, su llegada a Bolivia representa un paso en la búsqueda de justicia y un símbolo de que la impunidad no puede prevalecer.




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