El endeudamiento doméstico alcanza niveles críticos y empuja a millones de familias argentinas a vivir con tarjetas colapsadas, préstamos impagables y angustia constante, mientras el ajuste económico erosiona cualquier posibilidad de estabilidad.
Con datos de Página12.com.ar
Cada día, al abrir los ojos, Carla siente que carga una mochila invisible. No pesa por lo que lleva en su interior, sino por lo que le falta. Tiene 37 años, dos hijos, y desde hace meses calcula cada movimiento financiero como si se tratara de una maniobra quirúrgica. El sueldo de su trabajo en un comercio de indumentaria ya no alcanza, ni siquiera para cubrir el alquiler y los servicios. Desde marzo, vive de “cuotas, descuentos y rezos”. El supermercado, con tarjeta; los medicamentos, con préstamos de billeteras virtuales; la SUBE, con lo poco que puede juntar en efectivo. Y cuando todo eso se agota, le pide plata a su madre, que cobra la mínima.
La historia de Carla es un espejo fiel de lo que le sucede a millones de argentinos. La economía doméstica, en pleno 2025, ya no gira alrededor del ingreso real, sino del endeudamiento. Las familias sobreviven apelando al crédito, estirando cuotas, refinanciando deudas, sacando nuevos préstamos para pagar los anteriores. El consumo básico, lejos de ser una señal de bienestar, se transformó en una huella de precariedad.
UN PAÍS QUE FUNCIONA A CRÉDITO
La Argentina actual ha entrado en una fase de funcionamiento a crédito. Desde la tarjeta de crédito hasta los préstamos personales, pasando por las billeteras electrónicas, las familias han reemplazado el ingreso genuino por recursos prestados. Pero no lo hacen por consumo suntuario ni por capricho: lo hacen porque no tienen otra opción. En el supermercado, en la farmacia, en las ferreterías, la escena se repite: compras mínimas, en cuotas, con promociones. La comida del día se paga en 12 cuotas sin interés. Las zapatillas escolares, con financiamiento a través de Mercado Crédito. El transporte, en muchos casos, se carga con saldo prestado.
Según un estudio de la Fundación para el Desarrollo Inclusivo, un 89,7% de los hogares del país está endeudado, y más del 60% de esos hogares declara que sus deudas están vinculadas con gastos esenciales. En ese universo, las mujeres son quienes más sufren: muchas son el sostén de sus hogares, trabajan en la informalidad y tienen menor acceso a créditos blandos. Carla lo sabe bien. “A veces tengo que decidir si compro carne o pago la luz. Y eso es un infierno mental”, dice.
LAS NUEVAS FORMAS DEL ENDEUDAMIENTO SILENCIOSO
El endeudamiento de 2025 no siempre se refleja en las cifras del Banco Central. Hay una parte del problema que es informal, silenciosa, no regulada. Familias que deben a sus vecinos, trabajadores que se prestan entre sí, jubilados que reciben ayuda de sus hijos para pagar deudas que contrajeron para ayudarlos a ellos. También están los créditos tomados con apps no bancarizadas, que no figuran en registros oficiales pero que aplican tasas usurarias.
Luis, de 58 años, es obrero metalúrgico. En enero, su salario fue absorbido por aumentos de tarifas y alimentos. Recurrió a un préstamo desde una app, que le ofrecía 100 mil pesos con devolución en tres cuotas. “La primera cuota ya era impagable. Me ofrecieron refinanciarla, pero me cobraron 47 mil pesos de interés. Ya perdí la cuenta de cuánto debo. Solo sé que no puedo dejar de pagar porque me llaman todos los días”, cuenta.
Ese “nuevo mercado” del crédito de subsistencia está lleno de trampas: condiciones poco claras, costos ocultos, amenazas de cobro por fuera de la ley. Y es un fenómeno que crece: la Comisión Nacional de Defensa del Usuario Financiero estima que las denuncias por abuso de entidades no bancarias aumentaron un 72% en el primer semestre del año.
TARJETAS COLAPSADAS Y ALIMENTOS EN CUOTAS
Las tarjetas de crédito han pasado de ser un instrumento de financiamiento a una herramienta de emergencia. Ya no se usan para adquirir electrodomésticos o viajes, sino para hacer las compras de la semana. Un informe de la Cámara Argentina de Comercio refleja que el 54% de las compras en supermercados de cadenas se realiza con tarjeta. Pero no por conveniencia, sino por imposibilidad de usar efectivo. Muchas familias pagan el mínimo del resumen, refinancian el resto con intereses del 100% anual, y el ciclo se repite cada mes.
Graciela, docente en La Matanza, utiliza tres tarjetas para comprar en distintos comercios. “Hago malabares. Una para el supermercado, otra para la farmacia, otra para lo que falte. El mes pasado me cobraron 49 mil pesos de intereses. Y no puedo dejar de hacerlo porque no tengo otro ingreso. Cobro a fin de mes y ya debo todo de antemano”, relata.
La Asociación de Defensa de Consumidores estima que una familia tipo destina el 44% de su ingreso mensual al pago de deudas con entidades financieras. Ese porcentaje era del 22% en junio de 2023.
CRÉDITO PARA SOBREVIVIR, NO PARA CRECER
Lo más alarmante de esta coyuntura es el destino del endeudamiento. En otros momentos, los argentinos se endeudaban para comprar un auto, invertir en un emprendimiento o renovar su vivienda. Hoy, el 75% de los créditos personales se usan para cubrir necesidades cotidianas. La lógica de “usar la tarjeta para ir al cine” ha sido reemplazada por “usar la tarjeta para comprar fideos y arroz”.
Las consecuencias de este fenómeno son múltiples. Por un lado, genera un ciclo de empobrecimiento: las familias se endeudan para vivir, pero los intereses y refinanciaciones devoran sus ingresos futuros. Por otro lado, produce un deterioro psicológico profundo: ansiedad, depresión, sensación de ahogo constante. Finalmente, destruye la capacidad de planificar. Ya nadie habla de ahorrar, invertir, proyectar. Todo se limita al “hoy”.
“Vivir al día” ya no es una metáfora. Es una estrategia obligada. Y cada día es más corto, más costoso, más incierto.
JÓVENES Y ENDEUDADOS: EL FUTURO ATRAPADO EN LA DEUDA
El segmento más golpeado por esta estructura es el de los jóvenes. Estudiantes, monotributistas, trabajadores informales, personas que apenas ingresan al mercado laboral ya están atrapados en el circuito de la deuda. Muchos comienzan a utilizar crédito para estudiar, para moverse, incluso para pagar alquileres.
Florencia, 24 años, estudia Trabajo Social en la UBA y trabaja como niñera. Cobra en efectivo y sin aportes. Desde abril, su tarjeta está en rojo. “Todo me aumentó. Antes gastaba 20 mil pesos en comida, ahora más de 80 mil. No me alcanza ni trabajando 10 horas por día. Empecé a pedir préstamos y ahora debo más de 700 mil pesos. No sé cómo voy a salir”, confiesa.
En paralelo, los alquileres suben por encima de la inflación y los precios de los alimentos siguen disparados. Una caja de leche cuesta más que una hora de trabajo para quienes cobran el salario mínimo. En ese contexto, los jóvenes no solo están endeudados: están desesperanzados.
LOS JUBILADOS: PRIMEROS EN DEBER, ÚLTIMOS EN COBRAR
Entre los más afectados también están los jubilados, quienes tienen ingresos fijos deteriorados y gastos médicos constantes. Muchos debieron endeudarse para asistir a sus hijos o nietos, y hoy pagan créditos con sus haberes mínimos. La Anses, a través del programa de Créditos Jubilados, prestó más de 500 mil millones de pesos desde 2023, pero esos montos ya no alcanzan frente a la inflación acumulada.
El 67% de los jubilados que solicitaron un préstamo lo utilizaron para comprar medicamentos o pagar servicios. El 14% lo hizo para ayudar a sus familias. Y un 8% lo destinó al alquiler. Solo el 2% lo usó para consumo personal.
Elsa, de 76 años, vive sola en Rosario. Cobra la mínima y toma siete medicamentos. “Si no fuera por el préstamo que me dio mi nieto, no tendría ni para comer”, dice. Cada mes, debe decidir qué cuenta pagar y qué medicamento dejar para el mes siguiente.
EL ENDEUDAMIENTO COMO POLÍTICA NO DECLARADA
El fenómeno del endeudamiento no es una consecuencia aislada, sino el resultado directo de decisiones macroeconómicas: una economía que licúa salarios, desregula precios y quita subsidios. El gobierno de Javier Milei ha promovido un ajuste brutal bajo la promesa de estabilización. Pero mientras se discute la macro, las familias se hunden en la micro: la heladera vacía, la tarjeta en rojo, el miedo constante.
No hay subsidio que compense el deterioro del salario real. No hay plan económico que pueda sostenerse cuando la gente no puede pagar la comida. Y no hay reforma sostenible si se construye sobre la desesperación social.
UN PAÍS DE DEUDORES Y SOBREVIVIENTES
Argentina atraviesa una transformación invisible pero decisiva: se ha convertido en un país donde la deuda doméstica sostiene el consumo básico. Las personas no viven: sobreviven, contando cada centavo, endeudándose para seguir endeudados. No es una crisis más: es una reconfiguración profunda del contrato social.
Las historias de Carla, Luis, Graciela, Florencia y Elsa no son casos aislados. Son síntomas de una sociedad quebrada por dentro. Una sociedad que, si no se repara desde abajo, puede colapsar desde arriba.




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