EL LOCO SALVATIERRA: “SÉ LO QUE ES NO TENER NADA, POR ESO AYUDO CUANDO PUEDO”

octubre 25, 2026

Hace unas semanas una vendedora de chivé perdió todo su capital tras recibir un billete falso. Mientras buscaba una salida para seguir trabajando, encontró una mano amiga en quien mejor conoce las dificultades de empezar desde abajo.

La historia comenzó con 200 bolivianos.
Para muchos puede parecer una cifra menor. Para una mujer que vive de vender chivé en Trinidad, era el dinero que sostenía su pequeño negocio. Un grupo de personas le compró su producto, recibió un billete de 200 bolivianos, entregó el cambio y horas después descubrió que el dinero era falso.
La impotencia fue inmediata. También las lágrimas.
El caso se hizo conocido en redes sociales y medios de comunicación. Entonces apareció Oscar Salvatierra, más conocido en Trinidad como “El Loco Salvatierra”, propietario de Digráfic. No solo decidió devolverle el dinero perdido. También le ofreció publicidad para ayudarla a vender más.
Detrás de ese gesto había mucho más que una donación.
Había recuerdos.
EL NIÑO QUE VIVIÓ EN UNA CARPA
Cuando habla de ayudar, Salvatierra no lo hace desde la comodidad de quien siempre tuvo oportunidades.
Las palabras le salen rápidas y sin adornos.
“Nosotros venimos de familia humilde. Sabemos cuánto cuesta ganarse el pan de cada día”, cuenta.
La escena que recuerda todavía permanece intacta en su memoria. Tenía apenas 12 años cuando se mudó junto a su madre a una carpa. Allí conoció de cerca las necesidades, la falta de recursos y las dificultades para salir adelante.
Por eso, cuando escuchó lo que le había ocurrido a la comerciante, sintió que debía intervenir.
“Que te engañen de esa manera en momentos tan difíciles es algo que desanima a cualquiera. Gracias a Dios hoy tengo la posibilidad de ayudar y lo hago de corazón”, afirma.
No es la primera vez.
Tampoco pretende que sea la última.
DIGRÁFIC, UNA HISTORIA NACIDA ENTRE MOTOS Y SUEÑOS
Detrás de una de las empresas gráficas más grandes del departamento no hubo inversionistas ni grandes préstamos.
Hubo paciencia.
Y muchas horas de trabajo.
Digráfic cumplirá 13 años este 22 de septiembre, aunque el recorrido comenzó mucho antes. Salvatierra ya llevaba varios años ligado al rubro mientras aprendía el oficio junto a Gabriel, un amigo al que recuerda con gratitud y cariño.
“Fue la primera persona que me enseñó”, dice.
Juntos se dedicaban a forrar motocicletas. Con el tiempo continuó aprendiendo en otras empresas, acumuló experiencia y después decidió dar el salto.
Trabajó durante dos años y medio en una universidad para reunir algo de capital. Cuando finalmente se animó a emprender, comenzó con una computadora y un plóter de corte.
Nada más.
Hoy el panorama es completamente diferente.
Digráfic no solo trabaja en gigantografías e impresión digital. También desarrolla proyectos textiles, estructuras metálicas y distintos servicios vinculados a la publicidad.
Según explica su propietario, la empresa produce entre el 50 y el 60 por ciento del trabajo del rubro en Trinidad y cuenta con cerca de 20 trabajadores.
EL EMPRESARIO QUE FUE TAXISTA, CARNICERO Y ALBAÑIL DE SUS PROPIOS SUEÑOS
A Salvatierra le gusta hablar de emprendimiento, pero sin fórmulas mágicas.
Él mismo asegura haber pasado por numerosos oficios antes de consolidar su negocio.
“He sido de todo en esta vida”, comenta entre risas.
Trabajó como taxista, carnicero y en distintas actividades que le permitieran sostenerse mientras estudiaba. Es egresado de Ingeniería de Sistemas y reconoce que cada experiencia le dejó una enseñanza.
Por eso insiste en que muchas veces el éxito nace de la necesidad.
Y también de la capacidad para adaptarse.
Durante la pandemia, por ejemplo, Digráfic tuvo que reinventarse para sobrevivir.
El taller comenzó a fabricar barbijos. También produjo cámaras de desinfección y cámaras intubadoras que fueron donadas al hospital.
Además regalaron alrededor de cinco mil barbijos.
“No podíamos quedarnos parados”, recuerda.
UNA CIUDAD QUE PUEDE DAR MÁS
La conversación inevitablemente termina llevándolo hacia Trinidad.
Habla como empresario. Como ciudadano. Y también como alguien que participó en política en dos oportunidades sin conseguir una victoria electoral.
Lo dice sin resentimientos.
“Lo que más ganamos fue el cariño de la gente.”
A su juicio, la capital beniana ha crecido, aunque de forma desordenada.
Considera que todavía existen importantes carencias en calles, servicios básicos e infraestructura. También cree que es necesario generar condiciones más atractivas para la inversión privada.
Desde su experiencia empresarial asegura que producir en Trinidad resulta costoso, especialmente por los elevados gastos de energía eléctrica.
Pese a ello, mantiene intacta la confianza en el potencial de la región.
Menciona el turismo, la producción agrícola, la riqueza natural y la capacidad de los emprendedores locales como algunas de las fortalezas que siguen esperando ser aprovechadas.
APOSTAR POR LA GENTE
Si hay un tema que entusiasma a Salvatierra más que la política, es ayudar a quienes quieren iniciar un negocio.
Después de la pandemia impulsó un proyecto llamado “Yo Te Ayudo”, mediante el cual buscaba entregar pequeños emprendimientos listos para funcionar.
La idea era sencilla: proporcionar herramientas, equipamiento y apoyo para que otras personas comenzaran a trabajar por cuenta propia.
Sin embargo, la respuesta no fue la esperada.
“La gente no se animó”, recuerda.
No lo dice como una crítica.
Lo dice como una preocupación.
Porque está convencido de que muchas veces el primer obstáculo aparece antes de abrir un negocio: está en el miedo a intentarlo.
Por eso sigue ofreciendo colaboración a quienes buscan una oportunidad, ya sea mediante diseños, publicidad, banners o asesoramiento.
Mientras conversa en medio del taller de Digráfic, rodeado de máquinas, impresiones y trabajadores, vuelve una y otra vez a la misma idea.
La misma que seguramente lo llevó a ayudar a aquella vendedora de chivé.
“Uno quisiera dar todo, pero ayuda con lo que puede y con lo que tiene a mano”, dice.
Y en una ciudad donde abundan las quejas sobre lo que falta, Salvatierra parece haber encontrado un camino distinto: empezar por aportar aquello que sí está en sus manos.

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