Herido, capturado y encerrado en una humilde escuela rural, Ernesto Che Guevara vivió sus últimas horas bajo custodia militar antes de ser ejecutado el 9 de octubre de 1967.
La mañana del 9 de octubre de 1967, La Higuera despertó rodeada de soldados. El pequeño poblado del sudeste boliviano, acostumbrado al silencio de las montañas y al paso lento de los días, se encontró de pronto en el centro de un acontecimiento que marcaría la historia de América Latina.
En una de las aulas de la escuelita rural permanecía Ernesto Che Guevara. Tenía 39 años. Estaba herido, cansado y llevaba sobre sus hombros casi un año de campaña guerrillera en Bolivia. Había sido capturado el día anterior en la Quebrada del Churo, después del combate que terminó por desarticular a su reducido grupo.
Aquellas horas serían las últimas de su vida.
LA CAÍDA EN EL CHURO
El 8 de octubre el cerco militar finalmente se cerró. Los rangers bolivianos localizaron a los guerrilleros en la quebrada donde intentaban replegarse. La diferencia de fuerzas era abrumadora.
Durante el enfrentamiento, varios combatientes murieron en ambos bandos. Entre los guerrilleros cayeron hombres que habían acompañado al Che en la campaña boliviana. El propio comandante resultó herido en una pierna y perdió la posibilidad de continuar la marcha cuando un disparo inutilizó su carabina.
Rodeado por soldados, comprendió que no había salida.
“Soldados, no me maten… Soy el Che”, relatan diversas reconstrucciones históricas sobre el momento en que fue reducido por las tropas que participaban del operativo.
La noticia comenzó a recorrer los caminos de Vallegrande incluso antes de que los mandos militares intentaran mantenerla en reserva.
UNA NOCHE DE ESPERA
Trasladado a La Higuera, el jefe guerrillero fue encerrado en una pequeña aula de adobe.
Durante la noche llegaron oficiales, soldados y agentes de inteligencia interesados en verlo y obtener información. Mientras tanto, sus pertenencias eran revisadas por los militares. Entre los objetos hallados figuraban documentos personales, mapas, libros y el diario donde registró buena parte de la campaña guerrillera en Bolivia.
También se acercaron algunos habitantes del poblado.
La maestra Julia Cortéz fue una de las personas que tuvo contacto con el prisionero durante esas horas. Años después recordaría que le ofreció una sopa y que el guerrillero agradeció aquel gesto sencillo en medio de la incertidumbre.
Fuera de la escuela, nadie sabía con certeza cuál sería el destino del hombre que había participado en la Revolución Cubana y cuya figura era conocida mucho más allá de las fronteras bolivianas.
LA ORDEN
La mañana siguiente llegó la decisión.
No habría juicio ni traslado. El prisionero debía ser ejecutado.
Pasado el mediodía, los disparos quebraron el silencio de la escuela. Los testimonios conocidos posteriormente señalan que la muerte no fue instantánea. Guevara recibió varios impactos antes de quedar sin vida.
Junto a él también fueron ejecutados los guerrilleros Willy y Aniceto.
Horas después comenzó a difundirse una versión oficial que sostenía que el Che había fallecido a consecuencia de las heridas sufridas en combate. Sin embargo, los testimonios reunidos con el paso de los años, las investigaciones periodísticas y la documentación posterior terminaron por confirmar que había sido capturado vivo.
LOS TESTIGOS DE LAS ÚLTIMAS HORAS
Mientras los oficiales organizaban informes y comunicados, los pobladores de La Higuera observaban lo sucedido desde la distancia.
Eran campesinos, maestros y vecinos que jamás imaginaron que la historia mundial atravesaría las puertas de su comunidad.
Ellos vieron llegar al guerrillero herido. Lo vieron permanecer encerrado en la escuela. Escucharon los disparos de aquella jornada y contemplaron el movimiento de soldados que siguió a la ejecución.
Sin buscarlo, se convirtieron en los últimos testigos de la vida de Ernesto Che Guevara.
Cincuenta y nueve años después, La Higuera continúa siendo mucho más que un pequeño poblado perdido entre montañas. Allí quedaron las huellas de una jornada que modificó la historia política de América Latina y marcó para siempre la memoria de Bolivia.
El 9 de octubre de 1967 terminó la vida del comandante guerrillero. Pero ni los disparos, ni el secreto militar, ni la versión oficial lograron borrar su presencia de la historia. La figura de Ernesto Che Guevara sobrevivió a quienes ordenaron su muerte y trascendió el escenario de aquella escuela rural para instalarse en la memoria colectiva de generaciones enteras.
En aquella aula humilde de La Higuera cayó un hombre. Desde entonces, para millones de personas dentro y fuera de América Latina, comenzó la permanencia de un símbolo cuyo nombre sigue siendo recordado cada vez que se habla de lucha, convicción y compromiso con las ideas que defendió hasta sus últimas horas.
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