DESCUBRIMIENTO ARQUEOLÓGICO REVELA QUE LA CULTURA TIWANAKU DOMESTICÓ AL GATO TILCAYO

septiembre 24, 2026

​El análisis de cerámicas ceremoniales y bajorrelieves en el altiplano demuestra que los artesanos tiwanacotas no esculpían pumas, sino felinos de los bosques nublados con los que convivían habitualmente.

​Misterio resuelto en los Andes
​Durante décadas, la arqueología tradicional andina catalogó las representaciones de felinos en el arte de Tiwanaku como pumas o jaguares estilizados. Sin embargo, investigaciones recientes sobre la cerámica ceremonial y la escultura en piedra de la Pirámide de Akapana desmienten esta idea histórica. Los trazos anatómicos tallados por la antigua civilización coinciden con la biología del gato tilcayo (Leopardus tilcayo), una especie nativa de los valles cálidos de los Yungas de La Paz.
​Un rasgo anatómico revelador


​El examen iconográfico de los sahumadores, incensarios y vasos ceremoniales llamados keros expone diferencias anatómicas respecto al arte incaico. Mientras los incas plasmaban al Puma concolor con orejas puntiagudas y rostros alargados, las piezas tiwanacotas muestran orejas semicirculares marcadamente redondeadas, rostros chatos y ojos desproporcionadamente grandes. Estas facciones corresponden de forma exacta al tilcayo, adaptado a la penumbra del bosque nublado.
​Rutas de intercambio y convivencia
​La presencia de este animal en el altiplano se explica por el control de diversos pisos ecológicos que ejercía Tiwanaku mediante el modelo de archipiélago vertical. Las travesías por los caminos que descendían hacia Larecaja, Yanacachi y Chulumani permitían el paso continuo de coca, plantas sagradas como la wilka y fauna silvestre.
​Durante estos viajes, los pobladores capturaban cachorros de tilcayo en el monte para trasladarlos a la metrópoli. Al ser un felino de menor tamaño que el jaguar, el animal lograba adaptarse al entorno urbano. La presencia viva de la criatura en las viviendas permitió a los artesanos retratar cada detalle de su apariencia con una fidelidad naturalista única.

​El animal en la vida ceremonial
​El felino ocupó un lugar central en los ritos de la élite política y religiosa. En las vasijas de libación, la imagen del animal acompañaba el consumo de chicha en honor a sus dioses. «Al beber de un recipiente felino, el oficiante o el gobernante se apropiaba simbólicamente de los atributos de la fiera», señalan los estudios sobre la iconografía de la época.
​Asimismo, la transformación chamánica cumplía un rol fundamental en las ceremonias. «Se cree que los sacerdotes de Tiwanaku utilizaban sustancias alucinógenas (como el wilka) para ‘transformarse’ en felinos durante los trance rituales, actuando como mediadores entre el pueblo y los dioses». Poseer vasijas con esta figura servía para respaldar la autoridad de los gobernantes frente a la comunidad.
​Ingeniería en lugar de control de plagas
​A diferencia de lo que ocurrió en el Antiguo Egipto con el gato doméstico, la sociedad andina no empleó al tilcayo para cuidar los graneros de la presencia de roedores. La preservación de alimentos como la quinua y el chuño se resolvía con técnicas bioclimáticas: el uso de pisos empedrados fríos, el sellado de granos en recipientes herméticos (pukus) y el empleo de muña o saponina como repelentes naturales. La presencia del felino en el arte tiwanacota respondió exclusivamente a la sacralización, el prestigio y el afecto hacia esta especie de la selva de montaña.

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