El conflicto en la cúpula estatal genera alarma política y social, mientras aliados de Paz exigen una solución inmediata para evitar que la confrontación profundice la inestabilidad económica y erosione aún más la credibilidad gubernamental.
La confrontación entre el presidente Rodrigo Paz y el vicepresidente Edmand Lara continúa acumulando tensión política y desatando inquietud pública, en un escenario donde la gobernabilidad parece debilitarse día tras día. A solo dos semanas de iniciada la nueva administración, el distanciamiento entre ambos mandatarios ya derivó en un llamado urgente de sus propios aliados para que se restablezca un mínimo de cohesión en la conducción del Estado. Samuel Doria Medina y el expresidente Jorge Tuto Quiroga, figuras clave en el bloque que respaldó a Paz, exigieron que las diferencias queden fuera de la arena pública y que el Gobierno priorice la crisis económica que agobia al país.
Doria Medina remarcó que la ciudadanía está exigiendo certezas, no escándalos. Señaló que los desencuentros entre el Presidente y su Vicepresidente “no le sirven a nadie” y que la población demanda soluciones tangibles antes que discursos contradictorios. Afirmó que cualquier diferencia debe procesarse mediante el diálogo y sin exponer al Ejecutivo a un desgaste que lo deja sin margen para enfrentar la compleja situación económica. Según el líder de Unidad, la confrontación interna está interfiriendo en la capacidad real del Gobierno para ejecutar decisiones urgentes.
Quiroga coincidió en que el binomio gubernamental ha convertido su disputa en un espectáculo improductivo. Criticó el tono de las declaraciones públicas, calificándolas de “ruido innecesario” y “distracción dañina”, especialmente en un país que busca estabilidad, generación de empleo y acceso seguro a dólares y combustibles. Indicó que la disputa no solo genera incertidumbre, sino que proyecta una imagen de improvisación que mina la confianza nacional e internacional en la nueva administración.
El conflicto escaló el fin de semana, cuando Lara acusó a Paz de actuar con cinismo y advirtió que varios de los recién posesionados podrían repetir esquemas de corrupción vinculados a la gestión de Jeanine Áñez. Esta declaración detonó un fuerte impacto político, alimentando dudas sobre la cohesión interna del Gobierno y ampliando la brecha entre las máximas autoridades.
Doria Medina replicó que los intercambios de acusaciones solo alejan al país de las soluciones urgentes que necesita. Recordó que la población exige estabilidad en el tipo de cambio, abastecimiento continuo de combustibles y decisiones económicas serias que permitan retomar un rumbo claro. Reiteró que “los dimes y diretes no interesan al país” y que el Gobierno debe concentrarse en unificar criterios, no en prolongar una disputa que solo genera mayor desconfianza.
Respecto a las versiones que sugieren una influencia directa de Unidad en las designaciones del Gobierno, Doria Medina negó cualquier pacto de poder o reparto de cargos. Indicó que los nombramientos de José Luis Lupo y Gabriel Espinoza corresponden exclusivamente a decisiones presidenciales, y aclaró que no mantiene contacto personal frecuente con Paz, más allá de una breve comunicación previa a su posesión.




0 comentarios